“Ella” es infitamente otra en sí misma. Esa es, sin duda, la razón por la cual se la llama temperamental, incomprensible, perturbada, caprichosa-para no habar de su lenguaje, en el que ella se dispara en todas las direcciones y en el cual “él” es incapaz de discernir la coherencia de un significado. Las palabras contradictorias parecen un poco absurdas a la lógica de la razón e inaudibles para el que oye con cuadrículas ya hechas, un código preparado de antemano. En sus planteamientos –al menos se atreve a hablar- la mujer se re-toca constantemente” .Lucy Irigaray
Del libro "Ética de la de la diferencia".
Ed. Saltos, Madrid 1984.
Imágen: anónima

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