jueves, 4 de diciembre de 2008

ENCIERRO Y TORTURA A MUJERES LESBIANAS (SEGUNDA PARTE)


Clínicas de normalización Llegamos a CENTRADE, la clínica en donde sufrió tortura y encierro María Auxiliadora, (para solicitar ayuda, argumentando que una supuesta pariente sufría de adicción y era lesbiana)[1]. Afuera estaba un muchacho sentado en la mesa con un teléfono y varios cuadernos de registro. También se encontraban allí tres personas más, la una tenía tatuajes en los brazos, otro bailaba brake dance, y una mujer rubia embarazada esperaba en la entrada.


Al ingresar se percibió un ambiente cargado de violencia y desprotección. Especialmente porque los diálogos que entablaban las personas que allí se encontraban encerradas se referían a distintas situaciones de violencia, por ejemplo, uno de los hombres que caminaban afuera de un lado a otro, habló de las “capturas” que se refieren a la forma como raptan a las personas de manera involuntaria para que ingresen a las llamadas “clínicas”. Otro se refirió al deseo de construir un “jardín botánico de personas”, es decir que tenía ganas de matar a la gente que caminaba a su alrededor.


Nos llamó la atención los letreros pequeños con frases referentes a la religión que estaban pegados en las paredes de la casa. En una de las ventanas estaba un chico con la mirada perdida y triste. Entrar a este espacio encubierto significaba ingresar a un lugar en donde las personas dejaban de poseer los derechos más elementales. Una de las prácticas que reflejan esta situación es la autorización que deben dar los padres, aprobando todas “las prácticas de rehabilitación” que se implementen para lograr el cambio deseado. El director de la Clínica, Guillermo Robalino (el mismo que fue denunciado por María Auxiliadora) nos dijo que allí no se podían recibir a mujeres. Afirmó que a pesar de ello, él podía llamar a la persona encargada del centro de mujeres en donde tratan a personas adictas. Enseguida telefoneó a su amigo (dueño de aquel lugar).


Hasta tanto nos explicó que existían varios procesos de desintoxicación para las personas adictas. El primero es físico, es decir que las personas deben aislarse de parientes y amigos. Luego viene el psicológico, para lo cual existen “terapias vivenciales”. Personas que han sido drogadictas aconsejan a quienes atraviesan por ese proceso. Lo que él llama “terapias vivenciales” consisten en obligar a las mujeres que confiesen experiencias violentas en su infancia. Minutos más tarde llegó el dueño de la clínica especialmente diseñada para mujeres, para conducirnos al mencionado centro. En el camino, le preguntamos que pasaría si la persona a la que se quiere ingresar, no quería asistir a la “rehabilitación”. A lo que ellos nos respondieron: “si no quiere ir le cogemos, casi ninguna de las mujeres va a las clínicas por su voluntad” [testimonio del dueño de clínicas, 2007]. De esta manera afirmaron que si nosotros le damos la autorización ellos la “capturan”. Pues según su perspectiva, a un enfermo “no se le pregunta si quiere o si no quiere curarse, simplemente se le cura” [Testimonio del dueño de las clínicas, 2007].
Después de unos instantes llegamos al espacio de rehabilitación. Se trataba de una casa rosada que estaba cerrada con candado, cuando entramos el le dijo a la “terapista” que nosotros queríamos internar a una persona, para lo cual llamó a todas las internas ordenándoles que se sienten y que nos cuenten cómo ha sido su experiencia. Comenzó la “terapista” diciendo: “me llamo Elizabeth y por la gracia de Dios estoy aquí”. A lo que todas respondieron: “Hola Elizabeth”. Dijo que está ahí desde hace trece años y no consume alcohol ni tampoco drogas. De esta manera cada una se fue presentando. “Soy Ana, ex drogadicta y alcohólica y por la gracia de dios estoy aquí”.


Cada quién confesaba su pecado y decía que ahora se dan cuenta lo equivocadas que estuvieron en el pasado. Luego fuimos a los cuartos ubicados en la parte de arriba, allí había camas bien tendidas con colchas y diseños infantiles[2]. Además, estaban ahí, letreritos pegados en la pared que decían: “no cojas mis cosas”.


En este lugar, el “terapista” nos comentó que una chica de El Oro fue “reformada” porque era lesbiana. Según él, ahora ya no tiene preferencia por las mujeres, porque se casó y cambió su vida después de la “terapia sexual”. (A su vez, Gonzalo de “Amigos por la vida”, contó el caso de una chica de El Oro que fue violada en aquella clínica). Lo que nos conduce a pensar que, en las clínicas de “rehabilitación” entre otras prácticas las violaciones son definidas como “terapias sexuales”. Este tipo de violencia, efectivamente se dan porque los dueños de las clínicas definen a las mujeres lesbianas como “anormales” o “confundidas”. Es en este tipo de ignorancia[3] en la que se sustentan para “transformar su identidad sexual” a través de tratos crueles y torturas:

“Lo que pasa es que las chicas tienen una confusión. Existe una homosexualidad pasiva y una activa. La homosexualidad activa se refiere activa se refiere a las mujeres que se visten como hombres. Tuvimos un caso en el que una chica del Oro en el colegio conoció a otra mujer que se le llevó, como un hombre lleva a una mujer y su inclinación sexual fue con una consola… La chica era virgen así que la chica denunció a la mujer. Ella no aceptaba, pensaba que así era la vida sexual, no se daba cuenta e incluso la defendió frente a jueces. La familia no quería saber nada y acudieron a nosotros. Aqu se le dio terapia sexual con una sexóloga experta. Ahora la familia está bien, se va a casar y la familia está muy agradecida” (Dueño de Clínicas, 2007). Finalmente, luego de toda esta argumentación, afirmó que rehabilitar a una persona tiene un costo de 3.000 dólares. De manera que nos mostró un contrato que se debía firmar, en el mismo se accedería a que le practiquen “terapias” y también se daría el consentimiento para que se la “rapte” y luego encierren durante tres meses.


En la casa que visitamos se implementan mecanismos de vigilancia y castigo. A primera vista y según los testimonios de las mujeres y los “terapistas”, la primera forma de castigo es separar a las mujeres de las personas que quieren, además de encerrarles en un lugar durante tres meses. Los otros mecanismos-aquellos que nadie puede nombrar- constituyen formas de tortura, que van desde la confesión obligada, hasta los golpes cuando una mujer pretende asumir su identidad sexual, como en el caso de María Auxiliadora mencionado anteriormente.


Otro mecanismo frecuente como se ha mencionado tanto por María Auxiliadora como por los dueños de las “clínicas” es el rapto. “En la mayoría de los casos no quieren venir, hay tres maneras, la primera es vía dopaje, con un sedante para dormirla, la otra es que vamos con dos o tres personas, y la intervenimos y la traemos, a esas personas por medio de la terapia se la va persuadiendo del amor de su familia. Si tuviera un problema de corazón la familia buscaría un cardiólogo, pero como tiene un problema de adicción se la trae acá, es por amor que se las encierra. Si es una persona que esta moribunda en medio de la calle, no se le pregunta si se la lleva a la clínica, solo se lo hace”…Es legalmente prohibido tener a hombres y a mujeres juntos, por muchas razones, son adictos. Por eso solo tenemos a mujeres aquí (Guillermo Robalino). La percepción del dueño de la Clínica CENTRADE, coincide con la historia de otra víctima de encierro en la ciudad de Guayaquil, a quién mandaron a “capturar” y encerrar sus propios padres por “amor”[4].


Arribamos a la “Peluquería Luisa”, ubicada en el suburbio de Guayaquil. La puerta estaba cerrada y tras las rejas estaba Chiki vestida con una blusa de color durazno bordada los filos, un pantalón pescador y unas sandalias. En un principio se negó a darnos la entrevista, pues afirmó lo siguiente: “hace dos años vinieron 30 minutos plus. Me dijeron que me darían algo a cambio. Me debería dar algo a cambio ustedes también” Nosotros le dijimos que venimos desde Quito y que no sabía que el me cobraría. Luisa, su jefa que estaba sentada en la silla negra de enfrente dijo: “el movimiento GLBT no hace nada por nosotros, recién la niña estuvo presa y nadie ayudó, yo tuve que ir a ver a mi amiga fiscal y decirle que era una maldad que ella esté presa. Amigos por la vida (quienes me enviaron a mi) no hicieron nada nosotros tuvimos que pagar la fianza” [testimonio de Luisa, 2007].

Entonces Chiki nos mostró unos papeles metidos en un sobre amarillo. Ahí estaba la declaración de Luisa. La misma, describía el día en que llevaron presa a Chiki. Estaban ambas fumando un cigarrillo cuando llegaron dos hombres vestidos de civiles y detuvieron a Chiki. Ella no quería subirse al carro porque los hombres no tenían denuncia, sin embargo la detuvieron. En el camino la golpearon. Luisa, la jefa trató de impedirlo. Les dijo que ellos no pueden hacer eso. No podían detener a Chiqui sin una denuncia. Sin embargo, los hombres dijeron que está acusada de violación a menores. En la cárcel ella tuvo que pagar 150 dólares para no ser violada. Estuvo un mes en la penitenciaría. Luisa afirmó que es muy feo estar allí pues ella también estuvo en el penal. El día en que Chiqui cometió la supuesta violación, lo que estaba sucediendo era que le operaban la nariz. Adicionalmente la cirugía le costó 350 dólares, y salir de la cárcel 2500 dólares.

Más adelante, Chiqui, dijo que el asunto de las clínicas de rehabilitación es una parte de su vida que prefiere olvidar. Sin embargo, relató que, cuando tenía 17 años decidió contar a sus padres que era gay. Trabajaba con una amiga en una peluquería de “Urdesa”. Ella quería viajar a Chile por lo cual falsificó sus papeles y su prima contó este hecho a sus padres traicionando de esta manera a Chiqui. Fue entones cuando una mañana, sus padres le dijeron que se iban para “Urdesa” con ella y afuera le esperaban un grupo de personas encapuchadas para llevarle y quitarle el “mal” que tenía. Según su testimonio, en la clínica pasaba hambre. Les daban de comer huesos y con eso hacían la colada en el almuerzo. En el desayuno, les ofrecían agua con verde. Les hacían rezar y aprenderse los pasajes de la Biblia arrodillados. Debido a estos maltratos, ella y 20 personas más escaparon una noche. Razón por la cual fueron perseguidos y después de eso le volvieron a capturar maltratando y pegando a Chiqui. En la vida de Chiqui, se observan las huellas de un sistema penitenciario formal, es decir cárceles de mujeres en Quito y Guayaquil, que albergan personas que han cometido “delitos” relacionados con narcotráfico o consumo de drogas.


Y paralelo a este sistema público y formal, en donde no se puede recluir a las mujeres por su orientación sexual ni por el uso de alcohol y drogas, existen otros sistemas informales de encierro y control social genérico (Goetchel, 2006) como la clínica CENTRADE. En estos “centros de rehabilitación” la mujer lesbiana/drogadicta (que resulta ser lo mismo) es “mala”, y por lo tanto debe ser encerrada. Se trata entonces de prisiones que –al igual que las otras- se constituyen a través de mecanismos de poder, institucionalizados y que en estos casos además se sustentan en la jerarquía familiar que es etárea genérica y económica. Sin embargo, están parcialmente reguladas por instancias del Estado y con poco o ningún control en cuanto a sus formas de funcionamiento, al perfil profesional del personal contratado y menos aún en relación a sus prácticas.


A pesar de que estos lugares operan parcialmente de manera clandestina e ilegal, existen varios impedimentos para realizar las denuncias a las clínicas: 1) las personas víctimas del encierro tienen que presentar denuncias contra las familia 2) en caso de hacerlo no continúan con el proceso por presiones familiares 3) Los sujetos son perseguidos por las mismas instituciones.


[1]Utilice los argumentos que los parientes de las mujeres encerradas en estos lugares suelen dar para poder internar así a mujeres lesbianas y someterlas a estas prácticas de normalización.
[2] Al respecto, Andreina Torres, se refiere a la forma como ciertos espacios la cárcel de mujeres del Inca son feminizados. Especialmente aquellos pertenecientes a mujeres de clase media.
[3]se refiere a la ignorancia de la sociedad el mismo momento en que pretende ser superior sobre cuestiones sexuales es una forma de de ignorancia, en la medida en que oculta al conocimiento la naturaleza política de su interés en preservar la epistemología del closet y en mantener la construcción epistemológica de la heterosexualidad como un hecho obvio que puede ser conocido universalmente sin ostentaciones, y una forma de vida personal que puede ser protegida como algo privado sin constituir una verdad secreta”David Halperin (2007).
[4] Nos fue posible entrevistar a la víctima de encierro gracias a la Fundación Amigos por la Vida


Fotografía: anónima, circa 1900.

2 comentarios:

  1. Que pena que en Ecuador pasen estas atrocidades. Esperamos con nuestras actitudes diarias poder cambiar de alguna manera esta espantosa realidad

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  2. (llegué aquí vía lesmode y les dejo mis dos centavos de opinión)

    ¡clínicas de rehabilitación! meu deus. estuve revisando el enlace y sí, suena bien mal.

    toca darle más publicidad a estas cosas. el blog sigue siendo una herramienta de poco alcance, creo. quienes han hecho activismo sabrán mejor, pero me parece que en estos casos toca recurrir a la exposición pública dura. vi que hace poco en madrid el dueño de una sidrera (creo que se llama así, un bar de tapas y sidra) botó del local a dos mujeres que se besaron. pues ellas y otras aliadas regresaron unos días despues´y le hicieron no uno sino varios plantones afuera del local. el tipo cabreado un día hasta le pegó a unas de ellas. lo llevaron a la corte por agresión. el tipo terminó pidiendo perdón y diciendo que estaban bienvenidas. a lo que voy es a que si las denuncias ante las autoridades son vanas (como suelen serlo en estos casos por corrupción pero también por prejuicio, me temo), toca variar la estrategia. el proyecto transgénero en quito tiene varias, incluyendo lo que llaman una patrulla legal bien interesante (no es trabajo de abogados necesariamente, pero sí se entrenan para conocer sus derechos, y no es con cortes, es enfrentarse, entre otras cosas, a abusos policiales). en fin, lo que digo es que hay que diversificar la estrategia.

    una cosa que esperaría es que hagan públicas las direcciones de esas clínicas, nombres de quienes están a cargo, esos datos no pueden, por principio creo yo, estar amparados en leyes de privacidad. en el enlace vi por ejemplo, que varias declaraciones las asociaban al “dueño de la clínica”. bueno, nombre tendrá el señor, digo. hablan de centrade y de un tal robalino. creo que deberían ofrecer información más sistematizada. nombre de la clínica, de quien la representa, dirección. ¿está registrada ante el ministerio de salud? ¿sí, no? ¿tiene los permisos al día? ¿cuáles son sus objetivos declarados (los que declararon oficialmente para obtener los permisos)?. por el lado de las autoridades de salud, ¿cuál es el trámite para presentar denuncias? ¿se han presentado denuncias? ¿tienen copias de las denuncias presentadas? ¿las denuncias han dado inicio a un trámite por parte de las autoridades? mala idea no es tampoco hacer plantones frente a las oficinas del ministerio. eso sí, toda estrategia tiene que ir bien planeada y fundamentada. no se trata de denunciar por denunciar. no digo porque no creo lo que denuncian. no me sorprende que estos lugares existan en ecuador. lo digo porque para captar la atención pública (que es un objetivo) toca prepararse bien. sobre todo pensando que por prejuicios, a la “sociedad” le gusta hacerse de la vista gorda o mirar para otro lado o justificar. en fin…saludos y mis felicitaciones por empezar a organizarse.

    bahiana

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